Lao Tse y el Hua Hu Ching: el origen del Todo

Cuando leemos a Lao Tse, sentimos que alguien muy antiguo —y, al mismo tiempo, muy cercano— nos susurra una verdad sencilla: todo está en su lugar, y nada necesita ser forzado.

El Hua Hu Ching nos recuerda que el universo ya respira en nosotros, y que basta con detenernos un instante para sentir el pulso del Tao latiendo en nuestro propio corazón.

Meditación 46 del Hua Hu Ching

El Tao engendra lo Uno.

Lo Uno engendra el Yin y el Yang.

El Yin y el Yang engendran todas las cosas.

Luego olvida.

La totalidad es completa en sí misma;
cada parte contiene el Todo.

Olvida también esto.

Dolor y felicidad son estados del ego.

Deja ir el ego.

Tiempo y espacio no son fijos,
se disuelven como la neblina al amanecer.

No los tomes por reales.

Los seres sin forma extienden su aliento vital
para sostener tanto lo visible como lo invisible.

No te preocupes por ellos;
lo sobrenatural no es más que lo natural.

La verdad sutil no toma partido,
lo abarca todo y no excluye nada.

Toda verdad está en el Tai Chi:
cultivar mente, cuerpo y espíritu,
equilibrar las polaridades.

Si la humanidad comprendiera esto,
la armonía surgiría por sí misma.

Pero abandona también la idea de armonizar.

El universo ya es una unidad perfecta.
Solo hazte consciente de ello.

Si buscas la paz, la perderás.

La paz está en dejar de buscar.

(Versión poética de la meditación 46 del Hua hu Ching)


El corazón del Tao

Lao Tse habla desde el silencio. En unas pocas líneas nos revela cómo el universo se despliega desde el Tao, la fuente invisible de donde nace lo Uno, y de lo Uno brotan el Yin y el Yang, las dos corrientes que dan forma a todo lo que existe. Pero enseguida nos pide olvidar, soltar incluso la comprensión. Esa es su enseñanza más profunda: cada intento de entender con la mente es una forma de alejarnos del misterio.

El Tao no se explica, se experimenta. La vida entera es ya una expresión de esa unidad que buscamos. Dolor y alegría, tiempo y espacio, cuerpo y espíritu, todo es parte de la misma respiración cósmica. No hay que forzar la armonía, porque la armonía es lo que somos cuando dejamos de intentar alcanzarla.

En este sentido, el Hua Hu Ching más allá de tratar de comprender el universo, nos ayuda a recordar que nunca hemos estado fuera de él. Cuando el ego calla, el Tao se revela. Y entonces comprendemos que la paz no se conquista: se reconoce y se vive.

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